La posición doctrinal de la Confraternidad de Iglesias Evangelicas Misioneras

 

La posición de la Confraternidad de Iglesias Evangelicas Misioneras, en cuanto a los nuevos apóstoles y profetas en estos tiempos, y en cuanto a sus profecías y revelaciones, es la siguiente:

Creemos que Dios puso primero a los doce apóstoles que Cristo nombró, y luego a los profetas novo-testamentarios, como ayudantes para poner el fundamento en la Iglesia (1 Cor. 12:28; Ef. 2:20; 1 Cor. 3:10,11).

Cuando, en la voluntad de Dios, habían cumplido su ministerio apostólico y profético de:

    1. Dar testimonio, como testigos oculares, de la resurrección de Cristo
    2. Establecer el patrón eclesiástico para la iglesia
    3. Terminar la escritura del nuevo testamento

Dios no puso otros apóstoles y profetas, sino evangelistas, pastores y maestros, cuyos ministerios todavía se necesitan para “perfeccionar a los santos” (Ef. 4:11,12).

El "profetizar" mencionado en 1 Corintios 14, está descrito en el versículo 3, y se refiere a la predicación de la Palabra de Dios, “para edificación, exhortación y consolación”. Los únicos oficiales constituidos en las iglesias, después de los apóstoles, fueron “ancianos”, también llamados “obispos” y “pastores” y “diáconos” (Hch. 14:23; 6:2-4; 20:17,28; Fil. 1:1; 1 Tim. 3:3-13; Tito 1:5). Por lo tanto, no aceptamos la afirmacion de que hoy hay nuevos apóstoles y profetas en la iglesia de Cristo.

Por otra parte, la Biblia nos advierte que en los postreros tiempos habrá aquellos que serán falsos y que “profetizarán en el nombre de Cristo, harán milagros en el nombre de Cristo, y echarán demonios en el nombre de Cristo” (Mt. 7:15-23; 24:4,5).

Creemos, que las Sagradas Escrituras, como se encuentran en el canon del Antiguo Testamento con sus 39 libros, y en el Nuevo Testamento con sus 27 libros, sin los libros llamados “deuterocanónicos”, son la revelación completa, suficiente y final para la Iglesia (2 Tim. 3:15-17). Esta revelación fue finalizada en la aparición de nuestro Señor Jesucristo, quien es la palabra total de Dios (Jn. 1:1,14-18; Heb. 1:1,2). El entregó sus palabras, instrucciones y mandamientos “a los apóstoles que había escogido” (Hch. 1:1-3; Ro. 16:25,26; Gál. 1:11,12; Ef. 3:3-5,8-11; Heb. 2:3,4).

Por tanto, siguiendo las exhortaciones encontradas en Judas 3 y 17 y 2 Pedro 3:2, no aceptamos las nuevas profecias y revelaciones que estan surgiendo en estos postreros dias, para atenernos exclusivamente a las Sagradas Escrituras.

La posición de la Confraternidad de Iglesias Evangélicas Misioneras y del Centro de Estudios Teológicos y Ministeriales en cuanto a las manifestaciones psicológicas, promovidas en ciertos movimientos que se identifican con los evangélicos, es la siguiente:

Creemos que el derramamiento histórico del Espíritu Santo del Cristo glorificado (Jn. 7:39; Hch. 2:33), o sea como el espíritu de adopción (Ro. 8:15; Gál. 4:5,6), tuvo su cumplimiento en el día de Pentecostés 50, días después de la resurrección de Cristo (Hch. 2:1). Fue un evento único en el programa de Dios, así como el calvario fue un evento único y que no se vuelve a repetir, pero cuyos efectos permanecen en la iglesia. Desde entonces, toda persona realmente nacida de nuevo, recibe y tiene el Espíritu de Cristo desde el momento de confiar plenamente en Cristo (Ro. 8:9,14,16; Gál. 3:2; Ef. 1:3).

Creemos que la plenitud del Espíritu en la vida del creyente (Efe. 5:18), se manifiesta principalmente en los frutos del Espíritu (Gál. 5:22,23; Ef. 5:9,10) al andar el creyente en el Espíritu (Gál. 5:25). El Espíritu Santo distribuye sus dones conforme el quiere, y todos exclusivamente, son para edificación del cuerpo de Cristo (1 Cor. 12:7,11,15), pero “lo más grande, es el amor” (1 Cor. 12:31; y capítulo 13).

Creemos que muchas de las manifestaciones incontrolables, producidas en personas que dejan por un lado todo dominio propio para experimentar fenómenos sobrenaturales, sin buscar la edificación de otros, son ajenos a las escrituras y al carácter de la persona del Espíritu Santo; manifestaciones tales como: caer hacia atrás, sin voluntad propia; sufrir tirones y movimientos bruscos continuos; brincar sin poder parar; reírse fuerte e incontrolablemente; y hacer ruidos como animales.

El mismo, Espíritu Santo al inspirar las escrituras del nuevo testamento, dice que su presencia en la vida del creyente nunca resta del control y dominio propio del creyente (1 Corintios 14:29-33). Además, cuando el Espíritu de Dios se manifiesta, no hay cosas que puedan verse como locura o que puedan producir confusión (1 Cor. 14:23,33,40). Por lo tanto rechazamos cualquier enseñanza y actuación que resulten en estos fenómenos.